"Se murió a las cuatro y media
del gran reló de la sala,
a las cuatro y veinticinco
de su reló de pulsera.
Nadie lo notó. Su traje
seguía lleno de ella,
en pie, sobre sus zapatos,
hasta las sonrisas frascas
arriba en los labios. Todos
la vieron ir y venir,
como siempre.
No se le mudó la voz,
hacía la misma vida
de siempre."
Pedro Salinas

Katsura Komiyama
















